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Quiero recordarles, una vez más, que es peligroso creer que un libro puede influenciar a un lector… Si así fuese, después de la historia del primer crimen, ya no quedaría nadie sobre la tierra… y voy a formular ya la evidencia a la que llegamos: No existe una literatura erótica. O dicho con más precisión, toda literatura puede ser considerada como erótica, pues todo lo que se ha dicho se puede mantener, palabra por palabra, si sustituimos obscena por erótica… como ya nos ocurrió anteriormente. Siempre estamos ante la misma alternativa: O se comprende lo que se lee porque se llevaba dentro; o no se comprende y entonces ¿donde está el mal? En cuanto a pretender que un libro puede llevarnos a desear hacer lo que en él se lee, eso es ir contra la verdad; pues si retrocedemos a los tiempos en que se inventaron todas esas agradables costumbres relacionadas con la erotología, hay que reconocer que alguien fue el primero en tener la idea, y sin manual. El hombre, que yo sepa, precedió al libro.
(…)
Sí, esta es la verdad… la literatura erótica no existe más que en el espíritu del erotómano; y no se puede pretender que la descripción… digamos de un árbol o de una casa sea menos erótica que la de una pareja de enamorados sabios… lo que hay que precisar es el estado de espíritu del lector…
Boris Vian, “Utilidad de la literatura erótica” en Escritos pornográficos. Edi. MCA. 2000. Valencia
